lunes, 27 de marzo de 2017

El Valle de KUARTANGO, un cofre de múltiples tesoros


Como anuncia nuestra portada, después de recorrer la Llanada Occidental hemos decidido acercarnos a conocer el románico del Valle de Kuartango. Un valle que guarda tantos valores únicos, sobresalientes, que es todo un tesoro... escondido en el corazón de Araba... y poco conocido de la mayoría de alaveses. 

En un entorno tan reducido, se ha conservado una cantidad tan importante de construcciones románicas que merecen una visita pausada, degustando la sencillez de sus rasgos al mismo tiempo que el marco en el que fueron levantadas.

Por eso os invitamos a acercaros a Kuartango desde algunas alturas que los delimitan. Efectivamente el valle tiene la forma, más o menos, de un triángulo: al este lo cierra la sierra de Badaia, al sur y suroeste la de Arkamo y al norte y noroeste la de Gibijo. Por otra parte el conjunto de la depresión/valle está surcada por dos ríos: el Baias, que lo cruza de norte a sur y el Badillo, que de las sierras del oeste fluye hacia el este hasta desembocar en el Bayas. Y así cada uno de estos ríos forma un subvalle: el Badillo, el de Basabe, y el Bayas, el de Eza, por eso, p. ej. en Kuartango hay dos Urbina, una de Basabe y otra de Eza, según en qué 'cuenca' estén situadas. 


Subiendo a Badaia por el puerto de Azkarate contemplamos hacia el oeste el valle
y sus montañas: a la izda. los farallones de la sierra de Arkamo, al fondo la linea del horizonte la traza la sierra de Gibijo y destacándose sobre ella se ve el Pico Marinda.
Podríamos decir que ahí aparece el subvalle de Basabe, el del río Badillo

Girando la vista hacia el noroeste vemos el subvalle de Eza, surcado por el Baias,
recogiendo todos los arroyos de las laderas de Badaia, a nuestra derecha

Pero entre peñascos y cortados de la sierras del perímetro no podemos dejar
de saludar con respeto al Pico Marinda, que, solitario en medio del valle,
es todo un símbolo de la dignidad y amor a lo propio de los kuartangueses.

Desde las alturas de Arkamo saludamos al Marinda y sus laderas...


... a los risueños prados y la grisácea muralla de Badaia...

... ahora también productora de kilovatios.


Y nos despedimos mirando al desfiladero de Tetxa, por donde van y vienen
río, trenes, camiones, etc., pero que no alteran el paso de la gente del valle,
que sabe medirlo sin dejar de avanzar. 



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